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Full text of "El hombre propone-- : pieza en un acto"

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EL HOMBRE PROPONE 



Pieza en un acto , 



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Esta producción ha sido aprobada para su representación 
en 20 de julio de 1855. 




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MADRID 



IMPRENTA DE DON JOSÉ MARÍA REPOLLES, 

/l^osío de 1853. 



PERSONAGES. ACTORES, 



Bibiana D. a Jacinta Cruz. 

Matilde 0. a Josefa Hijosa. 

Desiderio Remolino, es- 
cribano 

Tomás D. Benito Pardiñas. 



!•■ 



José Banovio. 



La escena es en Madrid, en 185... 



Esta producción pertenece ala Galería Dramátic 
comprende los teatros moderno, antiguo españo- - f 
trangero, y es propiedad de sus editores los Sres. Del 

gado Hermanos, quienes perseguirán ante la le^ \ 

que se le apliquen las penas que marca la misma al que 
sin su permiso la reimprima ó represente en algún tea- 
tro del Reino, ó en los Liceos y demás Sociedades sos- 
tenidas por suscricion de los Socios, con arreglo á la 
ley de 10 de Junio de 1847. y decreto Orgánico de tea- 
tros de 28 de Julio de 1852. 



Gg^cfo «trico. 



Sala amueblada con economía, aunque con decencia.— 
Puerta al fondo. — Dos laterales á la izquierda del es- 
pectador, y una á la derecha en segundo término : en 
el primero á la derecha , una ventana practicable; 
mesas, sillas, cuadros, un caballete de pintor, etc.. 
etc. Sobre la mesa de la derecha, papeles y útiles de 
dibujo: en la de la izquierda, un tocador, y encima 
una cajita cuadrada: en el fondo, un reloj de pared* 

ESCENA PRIMERA. 

TOMÁS. BIBIANA. MATILDE. 

{Al levantarse el telón, Bibiana aparece en primer 
término á la izquierda cosiendo. — A la derecha, Tomás 
sentado concluye un dibujo, y Matilde enmedio dando de 
wmer á unas tórtolas.) 

Tomas. {Coge la navaja y la afila.) Maldito lápiz, que se 
empeña en no señalar... 

Bibiana. Qué tendrán estas tijeras!... Parece que el dia- 
blo lo hace. 

Matilde. {A las tórtolas. ) Pobrecitas!... qué alegres se 
ponen cuando conocen que las voy á dar de comer. 

Tomas. A ver si ahora quieres... {Sigue su dibujo.) 

Matilde. Vamos á ver si dejas comer á tu mujercita ; va- 
ya , esto es para ti : todo os lo queréis comer, y á los 
hijos no les dais nada; pues me gusta!... quita, ton- 
to... quita... ay! se lo come! 

Tomas. Vamos á ver si callas, chiquita ; nos estás atur- 






4 

diendo con el demonio de las tórtolas: eres insufrible 
cuando empiezas; no te estarás dos minutos quieta. 

Matilde. Mira , mamá : es que la tortolita pequeña no ha- 
ce mas que abrir el pico para que la den, y los gran 
des se lo comen lodo y no la dejan ni una pizca... te 
parece regular, di?... tú no haces eso conmigo; pri- 
mero le quedas sin ello , que dejarme á mí en ayunas; 
no es verdad, di?... Por qué estás enfadada?... estás 
triste, (Acercándose.) qué tienes? no cosas. — [Le tira 
la costura.) Ay ! no me mires asi... (Se la dd.) Toma, 
toma. — Y lú, papá, qué cara tienes tan seria! me dais 
miedo. 

Tomas. (Es preciso : concluyamos este dibujo, que es lo 
único que me falla para completar la canlidad nece- 
saria.) 

Bibiana. (Ya tengo el dinero que dijo Desiderio bastaba 
para llevar á cabo nuestro proyecto.) 

Matilde. {Después de colocar la jaula fuera de la ven 
tana, coge la cajita que hay sobre la mesa.) Di, papá: 
para qué echas el dinero en esta cosa? quieres decir 
meló? 

Tomas. (Cogiéndosela de la mano.) A li no te importa., 
diablo de chiquilla ! 

Bibiana. Vele á jugar, hija mia, y déjanos en paz. 

Matilde. Voy, mamá. (Para qué echará el dinero ahí, ] 
porqué no me lo querrá decir...) 

Tomas. (Hace unas preguntas esta niña, que le dejan á 
uno sin saber que decir.) 

Matilde. (Siempre trabajando : hasta que se pongan ma 
los, y entonces...) 

Tomas. Veamos la hora que es. [Se levanta.) 

Matilde. (Toma el compás de la mesa de su padr 
qué ocasión!) 

Bibiana. Por vida de las tijeras ! no voy á pode? • raí 
esto... 

Tomas. Las diez y cuarto ya ! cómo se va el tiempo 
cuando uno trabaja. 

Matilde. A ver si así lo dejan. (Pone en lugar del compás 
las tijeras , y en vez de estas el compás.) 

Tomas. Veamos si las distancias guardan proporción. 
[Coge las tijeras.) 

Bibiana. Dejaré mas pequeña la guarnición, y así es- 



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inlill tara mas bonita. Pero si no corta esto nada ! (Coge el 
compás.) 

Tomas. Canario! que por poco... quién ha puesto aquí 
las tijeras?... ya!. será otra bromila tuya, verdad. 
Matilde? me alegro, hija, que te diviertas. 

Matilde. Es claro; si te parece que me he de estar en 
casa siempre como una estatua ; por qué no me lle- 
vas á paseo, y allí correré sin estorbar á nadie ? 

Tomas. Ah , con que á paseo? 

Matilde. Sí, señor, á paseo; como antes me llevabas; 
pero hace un mes que no haces mas que pintar y di- 
bujar por ia mañana y por la tarde, y á todas horas; 
y mamá cose que le cose, sin hablar dos palabras en 
todo el dio : mira , papá, no te acuerdas cuando me 
llevabas al café , cómo preguntaba todo el mundo: 
quién es esa niña tan bonita que está tan formal re- 
frescando en aquella mesa 9 — Es la hija de aquel que 
está á su lado. — Válgame Dios, decían, si parece una 
mujer hecha y derecha. — [Tomás vuelve la espalda 
con indiferencia.) Verdad, mamá, que en el baile decían 
todos que parecía la hija de un conde! di, no te acuer- 
das en Recoletos los domingos, cuando me lleva- 
bas... — [Bibiana vuelve la espalda.) Pero ahora ya no 
lo podrán decir, porque aquí metida todo el dia con 
vosotros, que no hacéis mas que trabajar... Pues mi- 
ra, mamá, es preciso que acabéis pronto, lo oyes? 
muy pronto. 

Bibiana. [Volviendo á su trabajo.) No tengas cuidado, 
hija mía , acabaremos muy pronto , demasiado pronto 
tal vez. 

Tomas. De aquí á ocho días lo mas, ya estará todo cor- 
riente. 

Bibiana. Pero mientras tanto déjanos trabajar; anda, 
hija. 

Matilde. [Con tristeza.) Dentro de ocho dias! Eso es mu- 
cho; yo quiero que sea antes; y el primer (Cogiendo 
la manteleta que está cosiendo Bibiana.) dia que me 
llevéis á paseo, voy á ir muy maja, verdad? así... 

Bibiana. [Viendo la pañoleta en hombros do Matilde.) 
Quieres dejar eso, Matilde? parece que lo haces á pro- 
pósito... 

Matilde. Déjamela. 



6 

Bibiana. (Quitándosela.) Siempre con esas tonterías ; lo 
mismo con Desiderio; no te puedes estar quieta. 

Tomas. Cuidado con que yo te vuelva á ver que ha- 
ces diabluras, como la de ayer... Vaya! á un hom- 
bre que es tan bueno... [Mirando á su mujer.) y so- 
bre todo, que nos va á prestar un servicio muy impor- 
tante. 

Bibiana. [Con alegría.) Ya lo creo ; no he visto nunca 
un escribano mas amable. 

Matilde. Si, es muy bueno; hace todo lo que yo quiero. 

Bibiana. Y tú no quieres nunca nada bueno. 

Tomas. (Levántase.) A quién se le ocurre pintarle su re- 
trato en la espalda del gabán? 

Matilde. Tú me lo dijiste. 

Tomas. Yo! 

Matilde. Es claro : no me estás diciendo siempre «dibu- 
ja, Matilde; aunque sea jugando, no te olvides del 
dibujo.» Por eso ayer me acordé de lo que me habías 
dicho, y le hice el retrato. 

Tomas. {Sonriendo.) Buen espantajo hiciste! 

Matilde. Torna ! como que estaba muy parecido. 

Tomas. Si ; tenia una semejanza que hace muy poco fa- 
vor al original ; pero á pesar de eso , ó tal vez por lo 
mismo, diste lugar á que le silbaran los chicos. 

Matilde. Lo siento; pero me alegro mucho mas que lo 
siento. 

Tomas. Cómo! 

Matilde. Eso prueba que adelanto. 

Tomas. Efectivamente; pero dedícate á copiar en papel, 
y no en paño como ayer. 

Matilde. Es verdad; y lo siento, porque es tan bueno... 

Tomas, Ya lo creo. 

Matilde. Tan cariñoso... 

Tomas. Mucho. (Va á sentarse y trabaja.) 

Matilde. Y muy feo. 

Tomas. Mucho. 

Matilde. Y tan tonto... 

Tomas. Sí, hija, sí; todo lo que quieras. 

Bibiana. (Levantándose.) Mira, niña, pásate ahí al lado 
á jugar con el hijo de la vecina... no vas todos los días? 
por qué hoy... 

Matilde. Tienes razón; á Dios, me marcho. (Voy á espe- 



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rar que venga Desiderio, para hacerle rabiar. (Vase 
por el foro corriendo.) 

ESCENA II. 

TOMÁS. BIBIANA. 

Tomas. (Mirando á todas partes.) Ya estamos solos: 
qué gusto! 

Bibiana. Qué fastidioso es no tener mas que una habi- 
tación para trabajar y para todo! 

Tomas. Y ese maldito Desiderio, que no viene! (Se mi- 
ran , y notan Tomás que está delante de la mesa de su 
mujer , y ésta que está al lado de la de Tomás ; atra- 
viesan la escena dirigiéndose una mirada de cólera, y 
Bibiana arregla su costura.) 

Bibiana. Gracias á Dios que hoy va á concluirse todo. 

Tomas. Esto no puede durar así; pero calle!... á propó- 
sito... se me había olvidado. (Saca dinero del bolsillo 
y lo cuenta.) 

Bibiana. (Ah! ya comprendo: crees darme envidia... te 
llevas chasco; espera, espera...) (Saca dinero del bol- 
sillo y lo echa en un cajón de la almohadilla.) Vein- 
te reales, toma! 

Tomas. Veinte y cuatro reales! (Echando en la ca- 
jita.) 

Bibiana. Una peseta mas que yo... [Registrándose.) yo 
guardaba esta para ayuda de unos lazos , pero renun- 
cio á ellos. (La echa en el cajón.) 

Tomas. Calle! ha puesto una peseta mas; no importa, 
yo tengo aquí una que la destinaba para ir á los no- 
villos, pues nada mejor; echo los novillos en la caja. 
(La echa.) 

Bibiana. (Registrándose.) Por vida!... no tengo un cuar- 
to mas, qué demonio ! 

Matilde. Arre... arre... (Desde fuera.) 

Los dos. Nuestra hija! 

Bibiana. Dios mió ! que no se entere. 



ESCENA III. 

los mismos, matilde, agarrada á un faldón de la levita 
de Desiderio, que viene corriendo. 

Matilde. Quieto! no corras!... quieto! 

Desiderio. (Parándose.) Me parece que la entrada no 
tiene precio. 

Tomas. Qué veo? 

Bibiana. Pero niña, es posible!... 

Desiderio. No la digan ustedes nada, ni una palabra; me 
hace reir mucho esta criatura , ja ! ja ! ja ! 

Matilde. Silencio! los caballos no hablan. {Le dá con una 
varita que trae.) 

Desiderio. Ay , qué gracia tiene ! (Rascándose.) qué gra- 
cia! pero me ha hecho daño : debo tener un carde- 
nal; no opinan ustedes que debo tener un cardenal? 

Bibiana. {La separa de Desiderio,) No te dá vergüenza, 
Matilde? 

Tomas. Por cierto, Desiderio, que tiene usted demasia- 
da paciencia. — Ya te diré yo que abuses de ese mo- 
do. (A Matilde.) 

Bibiana. Guando le haga á usted algo, déle usted un 
pescozón : no tenga usted cuidado. 

Desiderio. (Rascándose.) No; si me hace gracia; en di- 
virtiéndose ella, nada me importa que me haga daño; 
yo me divierto también así. 

Tomas. Pero vea usted cómo está de yeso. 

Matilde. Aguarde usted ; se lo quitaré. (Le dá con la 
varita.) 

Desiderio. Basta, hija mia ; tú lo quitas bien, pero con 
alguna fuerza ; si, con bastante fuerza, (Rascan?- 

Tomas. Ah ! esto es demasiado. 

Desiderio. Cierto; un poco... demasiado 

Tomas. Niña, venga usted aquí al instan 

Matilde. No quiero; me vas á encerrar sola en mi cuar- 
to. (Corriendo.) 

Tomas. Venga usted... (Irritado.) 

Matilde. Y todo es por usted... (A Desiderio.) Sí, señor, 
por usted. Le aborrezco á usted. 

Desiderio. Ja ! ja ! ja ! 

Tomas. Vete adentro, y así nos arreglas el almuerzo. 



9 

Matilde. Usted almuerza? (A Desiderio con intención.) 

Desiderio. Nunca. (Aunque me muriera no tomaba de 
tus manos un pedazo de pan : es capaz de envenenar- 
me la tal chiquilla! ) 

Tomas. Anda... á lo que te he dicho. 

Matilde. (Ah! tú me la pagarás, viejo tonto.) (Va hacia 
la puerta. — Su padre la sigue, y sale con ella.) 

Desiderio. Solo, estoy solo con ella. Si yo me atrevie- 
ra... si mientras no esté su esposo... me atrevo... (Se 
acerca.) 

Tomas. Ya estamos libres por fin. (Saliendo y cerrando 
la puerta.) 

Desiderio. (El diablo le lleve!... Vaya una libertad]...) 

ESCENA IV. 
los mismos, menos Matilde. 

Tomas. Con que, vamos á ver, nuestro asunto marcha? 

Desiderio. Que si marcha? yo lo creo; y echará á correr 
en cuanto ustedes hayan reunido el tanli-cuanti nece- 
sario para pagar los derechos. 

Tomas. El dinero está reunido ; esta cajita encierra el 
precio de mi felicidad. (La coge.) 

Bibiana. Yo he trabajado con toda mi alma para conse- 
guirlo. 

Tomas. Pues yo no digo nada. 

Desiderio. Entonces no hay mas que hablar; esto mar- 
Cha como el pez en el agua; y en prueba de ello, aquí 
está la papeleta del juez citando á ustedes para hoy á 
las once. (Dá un papel á Tomás.) 

Tomas. Qué veo? esto se llama un buen amigo. 

Bibiana. Cuánto tenemos que agradecer á usted ! 

Desiderio. Gracias! yo soy así: con este van ya diez y 
siete matrimonios que he tenido el placer de separar: 
y yo me hubiera divorciado también, á no impedirlo 
una causa un poco importante: soy soltero, y no en- 
cuentro medio de llevarlo á efecto... voy á casarme 
nada mas que por tener el gusto de separarme de mi 
mujer á las tres noches. 

Tomas. Efectivamente; usted es quien nos ha inducido á 

2 



10 

llevar á cabo nuestro proyecto... ha sido ¡dea de 
usted. 

Desiderio. Yo no me porto menos: les digo á ustedes 
que es una especie de apelito desordenado el que yo 
tengo de separar los hombres y las mujeres... nada, 
los hombres deben estar con los hombres, y las mu- 
jeres... (conmigo) con las mujeres. 

Bibiana. Y diga usted, si el juez cree que no hay motivo 
bástanle... 

Tomas. Descontentadizo ha de ser! {Mirando á su mujer.) 

Bibiana. Yo lo creo. [ídem á su marido.) 

Tomas. Lo malo será que nos corlemos, y no sepamos 
decirle el motivo. 

Desiderio. Cierto ; pudiera ocurrir... pero una idea... 
Figúrense ustedes por un momento que soy yo el juez: 
bien puedo pasar por juez así serio, no es verdad? Me 
siento en esta silla, y empieza el interrogatorio. Ve- 
remos si hago bien el papel. Oigan ustedes, si me 
duermo despiértenme ustedes, porque aunque sea 
muy del personage que voy á representar, no es con- 
veniente en el caso actual. {Se sienta á la mesa de To- 
más, y este y Bibiana se ponen en frente de pié.) Em- 
piezo. Dígame usted cómo se llama, señora. 

Bibiana. Toma, eso ya lo sabe usted ; yo no contesto. 
Todos los dias está usted viniendo á casa, y ahora... 

Desiderio. Es verdad : el escribano Desiderio Remolino 
lo sabe , pero el juez N. N. de N. lo ignora. 

Tomas. Tiene razón: adelante, sepamos... 

Bibiana. Cómo, sepamos? 

Tomas. Adelante ¿ empiece usted. 

Bibiana. Empiezo porque me acomoda... Me llam> Bi- 
biana García, y soy muy desgraciada. 

Desiderio. El desgraciada no es nombre ni apellide 
he preguntado cómo se llamaba usted únicamen' 

Bibiana. Monstruo! picaro! bribón! (A su marido.) 

Desiderio. Responda usted, cuáles son los motivos que 
usted tiene para rechazar á su marido? 

Los dos. Figúrese usted, señor juez... 

Desiderio. Silencio! ya le tocará su vez. {A Tomás.) 

Tomas. De veras 9 

Desiderio. Sí, señor. 

Tomas. Lo dudo. 



11 

Desiderio. Silencio! deje usted que hable. Hable usted... 
{A Bibiana.) Calle. usted... [A Tomás.) 

Bibiana. Señor, al principio de nuestro matrimonio éra- 
mos muy felices. 

Desiderio. Eso nada tiene de particular. 

Bibiana. Pero hace unos tres meses que aliado de la 
casa en que vivimos han puesto una tienda de vinos de 
esos andaluces que llaman; y desde entonces mi ma- 
rido todas las tardes sale, según dice, para hablar con 
el amo de la Lienda. 

Tomas: Es necesario decir á usted que me habia encar- 
gado unos cuadros, y por eso... 

Desiderio. Silencio! ya le llegará á usted la vez. 

Bibiana,. Y allí, señor, no hace mas. que beber y beber 
toda la tarde y toda la noche. 

Tomas. De algún modo se ha de hacer conocimiento con 
las personas. , 

Desiderio. Silencio! ya le. llegará á usted la vez. 

Tomas. El me ha 'encargado unos cuadros , y yo bebo á 
cuenta de ellos. 

Desiderio. Al orden. — Siga usted, señara. [A ella.) Ga- 
lle usted... (A Tomás.) Hable usted...: [A Bibiana.) 

Bibiana. De modo, señor, que mientras el está en la 
tienda de vinos, nosotros carecemos de todo... claro; 
no trabaja... todo el dia fuera... 

Tomas. También usted se va á paseo. 

Bibiana. Yo á paseo? miente usted. 

Tomas. Si, señora-, y de baile. 

Bibiana. Porque tú te vas á los andaluces. 

Desiderio. Silencio ! ya le llegará á usted su vez. ( A 
Tomás. ) 

Tomas. Qué diablo! y cuándo? 

Desiderio. Silencio, repito. — Siga usted. (A ella.) 

Bibiana. Por último, un dia que yo quise separarlo de 
la tienda de vinos para que viniese á casa , tuvo el 
descaro de darme un bofetón. 

Desiderio. Usted no debia haberlo tomado. 

fyibianq. Ya. ., ,.: 

Desiderio. Pues señor, aquí existen escesos, desacato, é 
injurias graves. Está usted en el llenó de la ley según - 
da. título 13, de la partida 4. a . Tiene usted testigos? 

Tomas. Si, señor que hay; todos los que estaban en la 



12 

tienda, porque la señora entró, y como una furia me 
dijo, agarrándome de la solapa de la levita: quieres 
venir á casa, bribón, borracho, etc.? Yo ya me mar- 
chaba ; pero todos los compañeros de broma se echa- 
ron á reir haciéndome burla por mi condescendencia, 
y eso fué lo que hizo que se me fuera el santo al cie- 
lo, y la mano á la cara de mi mujer. Esto es todo. 

Desiderio. Pues señor, está entendido. En nombre de la 
ley separo á ustedes, y les concedo amplia libertad. 

Los dos. Muchas gracias. 

Desiderio. Ya lo ven ustedes; eso será lo que el juez di- 
rá, poco mas ó menos. {Colocando la mesa ayudado 
de Tomás.) 

Tomas. Y con este papel se va allá y no hay que hacer 
mas? 

Desiderio. Nada mas: llegan ustedes allí, y entrarán en 
seguida ; ya he prevenido yo al alguacil. 

Bibiana. Pues vamos corriendo. 

Tomas. Vamos... Usted quédese aquí (A Desiderio.), que 
pronto daremos la vuelta. 

Bibiana. Sí, le ofrezco á usted un abrazo si nos contes- 
ta el juez lo que usted ha dicho. 

Desiderio. Gracias; la retribución es demasiado grande 
para mi. 

Tomas. Tome usted. Vamos. (Se ha puesto el sombrero, 
y alarga la mantilla á su mujer.) 

Bibiana. Vamos. (Al salir ofrece el brazo Tomás á su 
mujer con afectación; ella lo reusa; luego acepta, y 
salen.) 

ESCENA V. 

DESIDERIO, Solo. 

Pues señor, esto marcha; soy un sabio, estoy en n>i ele- 
mento; y á mí que me gustan todas las mujeres que se- 
paro de sus maridos? mi corazón ha palpitado por 
aquella modista, cuyo marido estuvo en la cárcel 
recomendado por mí: á mí me flechó la mujer de un 
fondista, y suprimí el fondista: ahora el fuego del 
amor corre por mis venas, adoro á la esposa de este 
amigo, y los divorcio : es preciso confesar que tengo 
talento, y sobre todo que lo aprovecho... porque esta 



13 

lo merece; qué bien baila! el shostisch y las polcas las 
posee á perfección... Y coser? oh ! coser? quiere de- 
cir que la daré el corazón para que me lo guarde, y 
la camisa para que me la zurza ; pues señor, esloy 
contenió ; de buena gana cantada si mi voz me diera 
permiso ; pero no querrá, y hará bien. 

ESCENA YI. 

DESIDERIO. MATILDE. 

Matilde. (Calla! quién está aquí?) 

Desiderio. Ahora que estoy solo , voy á poner en juego 
todos mis recursos. 

Matilde. (Ay ! es Desiderio... y está solo! ) 

Desiderio. Si pudiera hacer que ella (Saca una carta.) 
leyera esta carta, en la que he estampado mi pensa- 
miento con caracteres ingleses... 

Matilde. (Para que tendrá esa carta?) 

Desiderio. Seria mucho mas prudente aguardar á que 
estuviese divorciada, pero en cambio parecería menos 
delicado. Pero qué idea!... en la almohadilla al lado 
de las agujas la colocaré, y así encontrará mis pen- 
samientos mas agudos; esto es, mas aguzados. (Coló- 
ca en la almohadilla la carta, y Matilde, que ha esta- 
do observando , se apodera de ella.) 

Matilde. Una carta! [Con alegría.) 

Desiderio. Matilde... 

Matilde. Es para mí? 

DestdcfíiK «Por vida de...) No, hija; no es para tí... es 
para... ^ .. es... 

.Matilde, Pues para quiénes? 

■Desiderio. Ls para tu mamá. 

Matilde. Si , para mamá... (Con incredulidad.) 

Desiderio. Te doy palabra de que... 

Matilde. Bueno; entonces es otra cosa. {Se adelanta al 
medio del teatro, y él la sigue.) 

Desiderio. Vamos; me alegro que estés razonable. 

Matilde. Yo misma se la daré. 

Desiderio. (Eso fallaba para que creyese que yo...) No, 
hija; devuélvemela al instante; no juegues. 



14 

Matilde. Quieres que te la devuelva?... (Detrás de la 
mesa de Tomás.) ja ! ja ! ja ! 

Desiderio. Sí, te Lo mando... anda..* dámela... y maña- 
na te traigo un cucurucho de caramelos de la Maho- 
nesa; quieres? 

Matilde. Quiá... si me engañas; eres tú muy embus- 
tero. 

Desiderio. (Pues tiene razón: quién se lo habrá dicho?) 
Mira, te lo suplico en nombre de lo mas sagrado que 
haya en este cuarto. 

Matilde. Bueno; consiento con una condición... (Toma 
una cuerda que hay en el suelo.) 

Desiderio. La acepto : cuáles? 

Matilde. Que tomes esta cuerda... 

Desiderio. (Si querrá que me ahorque?) 

Matilde. Y que saltes con ella. 

Desiderio. Con esa cuerda? Vaya una idea acrobática! 

Matilde. Quieres ó no?... si lo quieres, lo tomas; sino 
lo dejas. 

Desiderio. Quiero; tomo la cuerda. 

Matilde. Yo la tendré, y tú saltarás. 

Desiderio^ Ay, amor!! estos son percances de idem. 

Matilde. Vamos ahora? (Sujeta á una silla un estremo 
• de la cuerda, y agarra ella el otro.) ;, 

Desiderio. Cuando quieras. 

Matilde. Salta; arriba... mas... (Hace girar la cuerda.) 
mas... mas... (Desiderio salta haciendo muchos ges- 
tos.) Ahora, tocino. (Dá muy de prisa.) 

Desiderio. No le des, no; no me gusta. lil no le cómo 
nunca... ay! ay! (Cae.) 

Matilde. Vamos, te gusta? (Riendo.) 

Desiderio. Sí, mucho; pero en fin, después de haber 
hecho de caballo esta mañana... 

Matilde. Calla... eso me dá idea de otra cosa.' 

Desiderio. La mejor idea será que me des la carta. (Sen- 
tado jadeante junto á la mesa.) 

Matilde. En seguida. (Acercándose á él y haciéndole ca- 
ricias.) Sabes que se me ha perdido el gatito que yo 
tenia? 

Desiderio. Si ? y quieres que yo le busque... no es eso? 

Matilde. Eso no; lardarías mucho en encontrarle, y te 
cansarías ; pero como lo siento tanto,.. 



15 

Desiderio. Yo también. lo siento... Ay! si supieras cómo 
lo siento; pero qué quieres que yo haga? 

Ma tilde. Quiero que hagas el gato. 

Desiderio. El gato!... yo!... (Esta chica es el demonio; 
ahora quiere que me transforme en Angola.) No quie- 
ro: ademas, quieres que haga el gato todo un es- 
cribano? 

Matilde. Y tiene algo de particular eso? Mucho mejor. 
En fin, si no quieres, á Dios. {Le enseña la carta y 
se marcha.) 

Desiderio. Calla ! y se va... (Imita al gato.) Miau... 
miau. 

Matilde. Bueno; así, así; ya estoy contenta. 

Desiderio. Quiere decir que hemos acabado? 

Matilde. Si. 

Desiderio. Pues venga mi carta. 

Matilde. Con que quieres la carta? 

Desiderio. Es claro; lo prometido es deuda. 

Matilde. Bien; yo he prometido (Detrás de la mesa de 
su madre.) no dársela á mamá; bueno, se la entre- 
garé á papá. 

Desiderio. (A su padre!... pues se va arreglando!) 

Matilde. Papá no es mamá ; no tienes nada que decir. 

Desiderio. Es verdad; papá no es mamá; pero papá... (es 
un bruto.) Tráela. (Ya á cogerla: ella corre de un la- 
do á otro de la mesa , sorteando los movimientos de 
Desiderio; se acerca á la mesa, coge un papel y lo 
rompe.) 

Matilde. Ba ; está rota: ni para tí, n¡ para mí. 

Desiderio. Me alegro. 

e. Lo siento, pero... (aquí la tengo; yo se la daré 
á p;¡pá luego.) (Se oye ruido fuera.) 
io. Calla, ya está ahí Tomás. 

I ~. Ay ! papá; y me dijo que no saliera de la alco- 
ba. (Asustada echa á correr.) 

Desiderio. Anda; y esto está todo revuelto. 

Matilde. Ya viene; no me puedo ir: aquí me escondo. 
[Se coloca detrás del caballete. Desiderio procura po- 
ner cada cosa en su sitio.) 



16 

ESCENA Vil. 

TOMÁS. BIBIANA. DESIDÉKIO. MATILDE, eSCOtldida. 

Tomas. Bonito sermón! ha estado divertido. (De mal 
humor, y se sienta.) 

Bibiana. Y puede ser que el juez tenga razón. (Se sienta 
al lado opuesto.) 

Desiderio. Hola; con que vamos á ver qué ha dicho el juez, 
en qué quedamos? 

Bibiana. Galle, estaba usted aquí? 

Tomas. Pero qué es esto? qué demonios han hecho en 
esta mesa? 

Bibiana. Y mi costura está toda revuelta. 

Desiderio. No hagan ustedes caso; he sido yo, que mien- 
tras venia usted , me he estado entreteniendo en arre- 
glarlo. 

Tomas. Pues está bien. 

Desiderio. Con que cuente usted qué ha sucedido. 

Tomas. (Incomodado.) Qué ha sucedido? nada; que el 
juez nos ha echado un sermón que ni el de las siete 
palabras. 

Bibiana. Si nos ha dado razones en contra de lo que 
pensábamos hacer. 

Tomas. Que era un disparate... 

Bibiana. Que el matrimonio era una gran cosa... 

Desiderio. Eso nada tiene de particular; el juez es soltero. 

Tomas. Y que era necesario que lo pensase mucho antes 
de separarme de mi mujer... y qué sé yo que otras 
cosas. 

Matilde. (Separarse de mamá !... Qué dice?) 

Bibiana. Lo mismo que á mi: que debía mirarlo despa- 
cio antes de abandonar á mi marido. 

Matilde. (Abandonar á papá?) 

Tomas. Ademas ha dicho que nos iba á costar mucho la 
separación. 

Desiderio. Y qué? para eso está el dinero de esa cajaj 
No han estado ustedes ahorrando tres meses para... 

Matilde. (Ese dinero era...) 

Bibiana. Sobre todo , lo que le ha detenido ha sido el 
saber que teníamos una hija !_Dice que la niña no pue- 
de quedarse sola , que no es justo que se la abandone. 

Matilde. (Pues ya lo creo.) 



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17 

Bibiana. Que si nos la queríamos llevar alguno de los 
dos, la justicia no nos la dejaría al uno ni al otro. 

Matilde. ( Es posible ! ) 

Tomas. Ah ! dijo que en caso de dejarla á alguno , sería 
siempre al que observase mejor conduela. 

Desiderio. Ta , ta , ta. Quieren ustedes que se lo diga? 
pues señor, ese juez no entiende una palabra del asun- 
to... ese juez es un... 

Bibiana. Pues mire usted , parecía un buen sugeto. Si 
viera usted con qué dulzura nos ha dado consejos! qué 
voz la suya !... á mí me ha conmovido. 

Tomas. Y á mí casi se me sallaban las lágrimas... (de 
ver que no consentía.) 

Desiderio. Quiere decir que están ustedes otra vez con- 
tentos y satisfechos. 

Los dos. No, pero... 

Desiderio. {Con intención.) Vamos, Tomás; pida usted 
perdón á su mujer. 

Tomas. Yo!... eso nunca; no faltaba mas. 

Bibiana. A tí te toca... tú has sido el primero que... 

Desiderio. Bien; si usted no quiere... ella le pedirá an- 
tes: no es eso? 

Bibiana. Yo, pedir perdón á un hombre tan grosero... 
quiá. 

Tomas. Si tú no fueras coqueta , yo no sería grosero. 

Bibiana. Si yo he sido coqueta , tú tienes la culpa con 
tus borracheras. 

Tomas. [Furioso.) Yo borracho! Si antes deseaba sepa- 
rarme de ti, ahora lo pido con toda mi alma, y no 
perdonaré medio para conseguirlo... yo borracho ! 

rio. (Esto va bien.) Pero qué es eso, otra vez vol- 
vemos á las andadas? 

Toman. Otra vez... y con mas fuerza, sí señor, con mas 
fuerza! {Dándole en el hombro, y. paseándose.) 

Desiderio. Si, con demasiada fuerza. (Rascándose.) 
m Bibiana. No hay otro remedio ; es preciso separarnos... 
lo oye usted ? separarnos. [Dándole en el brazo.) 

Desiderio. Ya lo entiendo. (Qué alegría! Cuando digo que 
me pinto solo para esto de arreglar...) Pues, señor, 
adelante; es necesario reunir los testigos otra vez. 
^Bibiana. Para qué? apenas se han visto delante del juez, 
se han vuelto atrás. 



-?ípa- 



IH 



18 

Desiderio. Qué escucho ? 

Tomas. Es claro ; han dicho que no habia matrimonio 
que se llevase mejor en Madrid. 

Desiderio. Esa gente debe tener muy mala intención. 

Matilde. (Me alegro ; ya quiero yo á esos testigos.) 

Desiderio. Pero es claro, qué ha de suceder? están vien- 
do á usted hace tres meses trabajar sin salir á la calle 
ni de dia ni de noche. 

Tomas. Hombre, usted cree que consiste en eso?... 

Desiderio. Claro; y siempre al lado de su mujer; aun que 
este es el mejor medio de separarse antes; pero ellos... 

Matilde. (Picaro!) 

Desiderio. Si usted se hubiera estado en los andaluces 
lodo el dia , y su mujer de usted en el baile toda la 
noche, cate usted ya la separación mas completa. 

Tomas. Es que yo quiero que la separación sea en regla. 
Quiero el divorcio. 

Bibiana. Y yo. 

Desiderio. Y yo... no puedo menos de desear que el 
asunto, no sea tan grave, aunque si usted lo cree nece- 
sario, contribuiré de todos modos á... 

Matilde. (Ay! cuando te pille, Desiderio, te voy á arran- 
car una oreja.) 

Tomas. Y desde ahora, supuesto que si los testigos se 
han vuelto atrás ha sido porque estoy trabajando todo 
el dia, voy á alborotar el barrio, á escandalizar Ma- 
drid; beberé, fumaré en pipa, no me afeitaré en tres 
meses, andaré hecho un Adán, y comeré en el Pa- 
raíso de la calle del Clavel. 

Desiderio. Justo; y el domingo á bailar polca á las Deli- 
cias. 

Tomas. Eso es, á polcar hasta con mi sombra. 

Bibiana. Yo también me vestiré todos los días... 

Desiderio. Mal hecho; estaría usted mejor sin... 

Bibiana. Con la mejor ropa; y saldré por la mañana, y 
volveré cuando estén encendidos los faroles, y haré 
guiños á todos, y todo lo peor que se me ocurra. (Vase 
puerta izquierda.) 

Tomas. Mejor. A ver si así conseguimos que se nos haga 
justicia. {Vase por la derecha.) 

Desiderio. (Soy feliz, ó lo seré, que es lo mismo.) [Mar- 
chándose por el foro.) 



ííflWl. 



Mkk 
es eso 
Ni a e 



\y. 



19 
ESCENA VIH. 

MATILDE. DeSpUCS, BIBIANA. TOMAS. ¡ 

Matilde. (Mirando al fondo.) Ah, picaro viejo! ya te diré 
yo que papá y mamá me dejen sola... y yo, qué debo 
hacer para que no se separen? porque no quiero que 
me abandonen; y luego ellos sentirian mucho también 
hacerlo, porque me quieren; aunque me regañan al- 
gunas veces, es porque tienen razón, porque no hago 
mas que diabluras; pues bien, ahora es preciso que 
les libre de las incomodidades que tendrían que pasar 
si se separaran... y cómo lo hago yo? Si les digo algo, 
no me van á oir, y papá me encerrará... no importa; 
pero sí importa, porque encerrada me dejarán, y se 
irán... [Se oye ruido dentro.) Papá viene... qué haré? 
i — Galle, y mamá también. De qué modo haria para 
que se quedasen?... (Mira á todas partes, y ve la 
jaula de tórtolas.) Ah! ya lo tengo. (Se oculta tras 
de la mesa de Tomás.) 



ESCENA IX. 

matilde. tomás, con variación en el trage. Después 
Bibiana , lo mismo. 

Tomas. (Entra cantando.) Calla, yo creía que estaba 
aun en su cuarto : — no puedo bajar todavía á los an- 
daluces, que aunque no me divierte maldito, es ne- 
cesario, á ver si esos testigos de todos los demonios 
se convencen. 
Bibiana. Calla, allí está él. (Entrando.) 
T<mas. Es ella ; y se ha puesto la manteleta... es indis- 
pensable el divorcio. 
iana. Pues no se ha vestido de frac! . . . vamos, es preci- 
\ que yo haya estado tonta para dudar ni un momento. 
Tomas. {Contoneándose por la escena tarareando:) 
Que no existe mas lindo galán 
desde el valle de Andorra al Genil. 
(Dá algunos pasos para salir.) 
Matilde. (Acercándose á la jaula y en voz fuerte.) Qué 
es eso, picaron? ahora quieres echar á volar y dejar 
así á este pobrecito. 
Tomas. Qué? (Deteniéndose.) 



20 

Matilde. A este chiquitín que te necesita tanto ! 

Tomas. (Qué dice?) 

Matilde. No ves que se moriría en cuanto tú te marcha- 
ses?... de tristeza y de hambre!... ay , Dios mió ! 

Bibiana. Qué dices, hija mia ? (Corriendo á ella.) 

Matilde. Ay, eres tú, mamá? [Haciéndose de nuevas.) 
qué- bonita te has puesto!... [Fingiendo ver á su pa- 
dre.) y papá también... qué, vais á paseo? entonces 
voy con vosotros: quieres? 

Bibiana. No. 

Tomas. Tengo que salir para un asunto, y... no es cosa... 

Bibiana. Lo mismo que yo: pero dime, qué estabas di- 
ciendo ahora cuando le he llamado?... 

Matilde. Ah ! estaba muy enfadada. — Figúrate que al ir 
á echarles la comida á las tórtolas, apenas he abierto 
la puerta , el padre y la madre se querían marchar: 
lo creerás, di? 

Los dos. Ah ! 

Matilde. Se conoce que como no pueden pensar, no sa- 
ben que sin ellos los pequeños se morirían... es cla- 
ro... como que no comen solos todavía. Sí hubieran sa- 
bido esto, no hubieran querido marcharse... de seguro. 

Bibiana. (Qué es lo que dice, Dios mió!) 

Tomas. (Demonio de chiquilla !) (Enternecido.) 

Matilde. (Coge la jaula y la pone encima de la mesa.) 
Mirad: al que quiera marcharse le abriré la puerta en 
seguida ; pero los hijos se los dejo al que se quede en 
la jaula.) 

Tomas. (Lo mismo que nos dijo el juez.) 

Bibiana. (Dios mío, esas palabras...) 

Matilde. (A los pájaros, y mirando á sus padres, que 
tratan de ocultar su emoción.) Qué, creéis vosotros 
que no sé yo que los dos queréis á los hijos? pues sí 
que lo sé; pero lo que ignoro es cuál les quiere mas... 
por eso... 

Tomas. (Tiene razón: un paso así, quien lo sufriría 
sería nuestra hija.) 

Bibiana. (Hija mia, no sabe el daño que me hace eso 
que está hablando!) 

Matilde. (Con dolor.) Ya estáis libres ; veremos quién de 
vosotras es la que abandona á sus hijos... Vamos. 
[Va d abrir la puerta de la jaula.) 



21 

Tomas. (De repente , y quitándose el frac y el sombre- 
ro, se sienta.) Al diablo la tienda de vinos... el paseo. 
y todo... á trabajar. 

Bibiana. (Quitándose la manteleta.) Estoy decidida; no 
debo pensar mas en ello. — A concluir esta pañoleta 
para mañana. (Tomás dibuja, y Bibiana cose.) 

Matilde. Miremos la jaula. Ay , qué felicidad! he abierto 
la puerta, y no os atrevéis á salir... me alegro. Que- 
daos juntos unidos siempre tributando caricias á vues- 
tros hijos, que crecerán á vuestro lado tan hermosos 
como felices: ay, qué alegre estoy! {Empieza á saltar 
y cantar por la escena. Tomás deja el trabajo para 
enjugar las lágrimas, y para ocultarlas dice en voz 
alta:) 

Tomas. Matilde, quieres callar? 

Matilde. Ay, pues si, yo creía que habíais salido... no de- 
cíais que teníais que hacer? 

Tomas. Sí, pero he recordado que tenia que concluir 
un trabajo urgente. (Enjugando las lágrimas.) 

Bibiana. A mí también se me olvidaba acabar esto, que 
corre prisa. 

Matilde. {Con alegría.) Os quedáis? mejor: me alegro 
que haya ruido á mi alrededor: cuando papá está en 
casa, y cuando tú, mamá, estás cosiendo, y cantas... 
Por qué no cantas ahora, di? 

Bibiana. (Ocultando su llanto.) Déjame, hija; ahora no 
podría aunque quisiera. 

Matilde. Bien, como quieras; no te enfades. Yo saltaré 
con la cuerda mientras vosotros trabajáis... no haré 

, ruido... veréis. {Coge la cuerda y salla: al hacerlo 
ancha la cajita que está encima, se abre , y sal' 
al suelo varias monedas de oro y plata.) 
s. Qué es eso? 
na. Qué has hecho? 

Matilde. Cuánto dinero ? 

Tomas. Se habrá roto la caja ! 

Bibiana. Todo se ha caido. 

Tomas. Por vida de la niña !... 

Matilde. [Llorando.) Y yo qué sabia? cómo me habia de 
figurar que estuvierais tan ricos... pero si; [Fingien- 
do hallarse acometida de una idea repentina.) ya lo 
sé... conozco el secreto... ya me acuerdo. 



22 

Tomas. (Dios mió ! será cierto?) 

Bibiana. Lo sabes... dílo. 

Matilde. Sí , sí ; no te acuerdas que te dijo papá hace 
dos meses. .^ 

Los dos. Dos meses ! 

Matilde. Dos, ó tres, no estoy segura: cuando papá 
bebia tanto, y tú bailabas tanto también: yo bien me 
acuerdo que un dia mirándome los dos, dijo papá: 
— Matilde ya tiene diez años, y es necesario pensar 
en reuniría un dote para cuando se case. 

Tomas. Un dote! 

Matilde. Y desde entonces habéis trabajado todos los dias 
sin descansar para conseguirlo. — Muchas gracias, papá 
mío; gracias, mamá. — Recojamos ahora ese dinero. 

Tomas. Ya no puedo disponer de esa cantidad ! es una 
suma sagrada ! 

Matilde. Lo veis cómo lo sabia?... tengo yo mas memo- 
ria... {Coge algunas monedas del suelo.) 

Tomas. (Yéndose á sentar.) (Tengo un peso en el cora- 
zón que me ahoga.) 

Bibiana. (Y ese dinero era para dejarla huérfana!...) 

Matilde. Ay, qué duros tan bonitos... mira este... ves? 
este es de Isabel II... este es Napoleón... ay, qué pe- 
setas tan bonitas! — Si hubieras seguido yendo á los 
andaluces, te los habrían quitado allí, papá: verdad? 

Tomas. (Sí, hija mia.) 

Matilde. Y cuánto has cosido para juntarlo ! no es cier- 
to, mamá? Si hubieras ido á los bailes, no hubieras 
tenido tiempo de reunido. 

Bibiana. (Tiene razón.) 

Matilde. Ahora nos divertiremos mucho. — (Pausa.) Pero 
no; vale mas guardarlo para mi dote: no es cierto, 
mamá? 

Bibiana. Sí, hija mia, sí. [Besándola.) 

Tomas. Tú quieres que sea así ? (A Bibiana.) 

Bibiana. Si á tí te parece... 

Tomas. De todo corazón lo deseo : ese dinero no es nues- 
tro ya. 

Bibiana. Y nosotros viviremos juntos? 

Tomas. Es necesario. — Mira... (Señalando á Matilde.) 

Bibiana. Sí , es indispensable. 

Tomas. Ademas, te lo suplico, y te pido perdón por... 






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23 

Bibiana. Basta: de hoy mas, ni andaluces, ni bailes; 
nada mas que Matilde. 

Tomas. Nada mas que ella. — Ven; recojamos este di- 
nero. 

ESCENA ULTIMA. 

DICHOS. DESIDERIO. 

{Entra éste corriendo , y tropieza en Tomás que está 
recogiendo el dinero ayudado de Bibiana : éste le empu- 
ja y aquel dá un grito.) 

Desiderio. (Frotándose las ruanos.) Aquí estoy ya; somos 
felices. 

Matilde. Desiderio ! 

Desiderio. Acabo de ver á los testigos , y ya están con- 
vencidos ; cuando ustedes quieran se quedan tan libres 
como el aire. Están prontos á declarar que el matri- 
monio de ustedes es el órgano de Móstoles. Me pare- 
ce que estoy dando pruebas de amistad... digo. 

Tomas. (Arrojándose á él.) Qué está usted hablando? 
Quién le ha dicho á usted que yo no quiero á mi mu- 
jer? Al primero que lo diga, le ahogo... lo oye usted? 

Desiderio. Hombre, hombre, estése usted quieto. — (Qué 
perro ha mordido á este lio ! (Suelta Tomás.) 

Bibiana. Sí, señor; hemos reflexionado, y vemos que es 
injusto el paso que íbamos á dar; por lo tanto, nos 
hemos dado esplicaciones , y no pensamos en hacer 
ya semejante cosa. 

DeÑderio. Calla... calla... calla... (Con sentimiento.) con 
que él... con que ella... con que yo... 

Tomas. No parece sino que usted siente que nos haya- 
ame? reconciliado. 

o. (Disimulando.) Quiá... no señor... yo... 
.í. (Sientes , picaro escribano , que hayan hecho 

ices... aguarda.) — Toma, papá , esta carta es tu- 
ya ; me la he encontrado ahora mismo. 

Desiderio. (Con dolor fingido á Bibiana.) Pobre víctima... 
sacrificada !... uff! qué horror! 

Bibiana. Qué? (Sorprendida.) 

Tomas. Calle! qué veo!... (Leyendo.) 

Desiderio. Oh, mujer angelical!... Qué tormentos es- 
peran á usted ! 






24 

Bibiana. Tormentos, por qué? 

Tomas. Pues señor, estamos lucidos! (Mirando fijamen-\k { 

te á Desiderio.) 
Desiderio. Se habrá valido de amenazas ese monstruc 

para conseguir... [Mientras habla, repara en Tomái 

que va avanzando hacia él, mirándole fijamente. De- 
siderio retrocede asustado.) 
Tomas. Conoce usted esta letra ? [Con tono amenazado! 

y enseñándole la carta.) 
Desiderio. Yo!... (Cielos, buena se va á armar.) Abur 

{Va á echar á correr, y Tomás le detiene por el cuello. 
Tomas. No le marches, no ; aguarda , que voy á levan 

tarte la tapa de los sesos ! infame! 
Desiderio. No se incomode usted, hombre. Déjelo usted | 

(Para buena cosa quiere que me aguarde.) 
Tomas. No me tranquilizo hasta que beba tu sangre, in 

fame seductor; sí, quiero bebería. 
Desiderio. (Uf, qué asco!) Hombre, está usted en urff, 

error. 
Tomas. Todavía me dices que estoy equivocado?... ahon 

verás. {Lo va á coger. Desiderio echa á correr. Bibia]\^ m 

na y Matilde detienen á Tomás.) 
Bibiana. Déjalo, Tomás; que se marche, y desprecié 

mosle como se merece. 



ayuda 
tuna ca 

:o por 
isélá 
lerlo. 



Desiderio. Sí, soy de la misma opinión : me parece mu, 
buena idea. 



a muge 
club n 
UT1 
khi 
raque ¡ 
ptintap 



Tomas. Dejarle no : antes he de escarmentarle. Voy 
arrancarle una oreja. (Se va hacia él. Bibiana le de\ l] ^ 
tiene, y Desiderio sale corriendo de detrás de la irtesa 
y vase por el fondo.) 
Biliaria. Ya se marchó: olvidemos eso, y no pensemo 
mas en nada de lo que nos ha dicho; nada mas que ei 
nuestra hija. 
Matilde. Qué gusto ! qué contenta estoy ! he conseguid 

todo cuanto quería ; no, todo no. 
Tomas. Pues qué te falta? 
Matilde. Estáis juntos : es verdad, 

y ya no ambiciono nada l tD )'( 

si el público en su bondad 
nos concede una palmada. 



FIN DE ESTA PIEZA. 



Terdad 

as y nos 
tigre ( 
fai.de 
rores de 
Me: 
iTin 



'fipera 



lemas de las comedias contenidas en el cata- 
¡nlogo, se han publicado las nuevas siguientes, 
cuyos derechos de propiedad pertenecen tam- 
bién para su representación á los Sres. Del- 
gado Hermanos. 



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Orig. Trad. Actos. Rs. 



ll O » 4 8 

ayuda de cámara. .'..'.» t 1 4 

ima calaverada o » 1 4 

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as él á Flandes. .... o » 5 6 

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áoii í)a y numo sin fuego. ...» t 1 4 

5i¿[ n Juan Trapisonda. ... o » * 1 4 

a muger literata o » 5 6 

club revolucionario. ... o » 1 4 

lo XVIII y siglo XIX. .. o » 1 4 

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raque y París o » 4 6 

¡puntapié y un retrato. . . » t 1 4 

vio Recaredo o » 5 8 

ve«Jad vence apariencias, .o 3 8 

'Js y nosotros o » 3 6 

¡eJ tj g re de Bengala. ...» t 1 4 

T parjde alhajas o » 1 4 

'ores del corazón o » 3 8 

añudes de un cesante. . . o » 1 4 

io y amor » i 4 

>or y amistad o *» 3 6 

corazón de un soldado. . . o » 3 6 

igon y Castilla o » 3 6 

aya un par!! „ ti 4 

, esperanza y osadía. ... o » 1 4 

a Perla en el fango. ... o » 1 4 

os de un alma noble. ... o » 3 8 



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